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domingo, 26 de noviembre de 2017

LA REVOLUCIÓN ES UNA GUERRA CIVIL PROLONGADA. Notas a los textos de Lenin de 1917


Este texto fue escrito y publicado como introducción a una compilación de artículos de Lenin escritos entre enero y diciembre de 1917. El libro fue publicado  bajo el título de “1917” en octubre de este año por Monte Ávila Editores. 

El centenario de la Revolución Rusa llega cuando las banderas del socialismo vuelven a levantarse alrededor del mundo. Sin embargo, siguen dominando las visiones ideológicas que sobre la URSS se impusieron hacia el final del siglo XX, incluso la izquierda toma distancia frente a las experiencias socialistas de décadas anteriores y declara su ruptura frente a las teorías «clásicas». En los últimos veinte años no pocos autores han disparado desde la izquierda a la experiencia soviética y lo planteado por Lenin, calificando su teoría de la revolución, cuando menos como «vieja». A pesar de eso, fuera de las discusiones académicas, Lenin sigue siendo un revolucionario cuya práctica y pensamiento moviliza a miles de jóvenes en todo el mundo. 

Los artículos, cartas y discursos de Lenin entre enero y diciembre de 1917 representan una radiografía de una época desde la mirada de uno de sus principales protagonistas; son también una biografía intelectual anclada en la militancia y no en la producción teórica abstracta.

El estudio de esos textos representa una oportunidad para poner en manos de la militancia revolucionaria la obra que Lenin elaboro al calor de la construcción hegemónica que condujo a la insurrección de octubre. El líder bolchevique pone en juego las principales categorías del pensamiento marxista para producir una idea de revolución que no está determinada y anclada a la teoría, sino que se fundamenta en el análisis concreto de la situación concreta, donde el pensamiento es contrastado con la realidad.

Esa idea de revolución está relacionada directamente con la premisa que Lenin plasmo a finales de marzo de 1917 y cuyo desarrollo seguiremos en este ensayo. Afirma el dirigente bolchevique que

En tiempos revolucionarios, la situación objetiva cambia con la misma rapidez y brusquedad que el curso de la vida en general. Y nosotros debemos saber adaptar nuestra táctica y nuestras tareas inmediatas a las características específicas de cada situación dada.
            Con esto en mente nos proponemos transitar las ideas elaboradas a lo largo de esos meses, permitiéndonos recorrer los acontecimientos de ese año convencidos de que desentrañar los detalles de ese proceso histórico nos permite sacar conclusiones fundamentales para la revolución hoy. En ese sentido, no sólo salen a la luz los hechos sino la reflexión que sobre ellos hace Lenin, permitiéndonos reconstruir junto a él una teoría de la revolución y recuperar la vigencia del análisis de la situación para el establecimiento de una táctica clara que conduzca exitosamente a la toma del poder.

jueves, 23 de marzo de 2017

CHÁVEZ A TRAVÉS DE SUS IDEAS: EL PODER

-¿Qué va a hacer ahora Comandante?
-Vamos al poder
-¿A Miraflores?
-No, yo no tengo nada que hacer ahí.
Voy a las catacumbas del pueblo.

Respuestas de Hugo Chávez a un periodista el 26 de Marzo de 1994.




Luego de dos años, hacia el final del primer trimestre de 1994, Hugo Chávez salió de la cárcel. La prensa estimulaba la idea de un candidato presidencial en carrera directa hacia Miraflores, mientras los articulistas fortalecían la imagen del teniente coronel, ahora libre, convertido en un aspirante a la silla presidencial. Pensaban que si había encabezado un alzamiento militar era porque su único interés consistía en “tomar el poder”. Pero aquel líder en consolidación ya había dejado muy claro, incluso antes, en las elecciones del año 1993, que no tenía sentido buscar el mando político del país sin realizar primero un proceso constituyente para refundar la nación. 

            Con eso en mente se dedicó de lleno a la construcción de un gran movimiento nacional, claro en sus objetivos, sólido en sus principios y con un proyecto político original. El tiempo que va desde la salida de prisión hasta el triunfo electoral el 6 de diciembre de 1998 corresponde a ese proceso de creación colectiva y fortalecimiento del liderazgo. Estaba claro que la toma del poder expresado en el gobierno era un despropósito si antes no se activaba el poder constituyente, que pertenece de manera intransferible al pueblo. En esos cinco años de recorridos por todo el país la premisa principal era que “cada uno de esos hombres y mujeres que nos están oyendo, cada uno de los venezolanos tiene un fragmento de ese poder.”

            Era necesario ensamblar cada una de las partes de ese poder que poseen los miembros del pueblo. El poder se activa con la organización a través de la cual se van uniendo esos fragmentos. En eso consiste la constitución del poder popular. Por eso era obligatorio ir a las catacumbas del pueblo para incorporar al proyecto, al movimiento nacional, a cada uno de aquellos que poniendo su parte podían activar el poder constituyente. De esa manera se activa el poder con el que se llega al poder. En 1997 Chávez expresaba lo expresaba de la siguiente manera:
           
El poder no se toma como un vaso de agua, el poder no se improvisa de la noche a la mañana; el poder, así como las montañas, así como los grandes bosques se van haciendo a mediano y a largo plazo. Nosotros en estos últimos años si algo hemos venido construyendo es un gran poder, un poder social, un poder moral, un poder efectivo para hacer realidad, en 1999, la activación del Poder Constituyente, ése es su nombre propio.

II

            Chávez comprendía la necesidad de tomar las instituciones, pero para que eso se realizara plenamente era imprescindible llegar ahí acompañado de ese gran movimiento nacional, de ese poder constituyente. Estamos ante una visión que no limita el poder a una sola de sus expresiones, sino que rompe con el antagonismo entre una concepción instrumental y una relacional. El poder tiene, al menos en la política, esas dos dimensiones, la fuerza que se activa a través de la organización popular y el uso de los instrumentos (instituciones) existentes con fines concretos ¿cuáles? Los que son determinados por el poder constituyente.

            De nada sirve “tomar” el espacio institucional del poder sin el respaldo legítimo y colectivo del pueblo activado, listo para la participación democrática; tampoco es funcional y eficiente un poder constituyente que no toma o entra en relación con las instituciones del poder constituido. Al mismo tiempo, para construir una fuerza política es necesario establecer vínculos con algunos llamados “poderes fácticos”, a esas alianzas Chávez las denominó “polinomio de poder”, donde el peso determinante para la orientación debe ser el poder popular.

            Ese “polinomio de poder” supone comprender cuáles son los factores con los que formar alianza en torno a un objetivo, que tiene que ir mucho más allá de alcanzar el gobierno, basándose en un proyecto a corto, mediano y largo plazo de transformaciones concretas. También hace referencia a una visión del poder político en construcción que no excluye establecer vínculos con partidos existentes, organizaciones e instituciones que de facto son un poder, siempre y cuando subordinen sus intereses o al menos los hagan confluir en el plan común.



            En ese proceso de construcción política es necesaria la “voluntad de poder”, término que es empleado por Chávez hacia el final de su vida, pero que ya ponía a funcionar en el período 1994-1998. Es importante hacer la diferenciación respecto a cualquier relación con la “ambición de poder”, que se utiliza para presentar a los líderes históricos de la izquierda como personajes obsesionados con la dominación. La voluntad de poder es la fuerza que mueve al pueblo y hace posible ensamblar cada uno de los fragmentos del poder que poseen. Con ella, la potencialidad del poder puede ser algo más que fuerza contenida.

Esa voluntad de poder debe tener como principio y fin la vida de la comunidad política. En el año 2011, influenciado por la lectura de Enrique Dussel, Chávez dirá que:

Poner en marcha el querer vivir es poner en marcha la voluntad de vivir, pero más allá está el poder verdaderamente. Cuando la gente tiene poder, cuando el pueblo tiene, hay que decirlo así, es porque puede poner las condiciones, puede disponer de los recursos necesarios para vivir cada día mejor.         
III

Una vez que se produce el triunfo electoral el 6 de diciembre de 1998 las dos dimensiones del poder van a encontrarse; el poder que se había activado a través de la organización política y el poder del gobierno. Es la fuerza del primero la que legitima la transformación del segundo, dando paso a todo el proceso constituyente. Desde ese momento, Chávez, ahora presidente de la República, va a generar un esfuerzo práctico y reflexivo para resolver, lo mejor que posible, las contradicciones que surgen a partir del encuentro entre esos dos espacios de ejercicio y constitución de relaciones de poder.


En el contexto de esos primeros años, el poder popular es pensado inicialmente como una fuerza fiscalizadora a través de la cual se ejerce la contraloría sobre el gobierno. Esta es la idea de la democracia participativa tradicional, donde la ciudadanía no toma decisiones directamente sino que interpela a quienes lo hacen, a través de mecanismos constitucionales. Sin embargo, el poder que se ha activado tiene una fuerza que rebasa esa concepción y su fuerza va a ser fundamental para el proceso de transformación, pasando a jugar un papel cada vez más vanguardista en el proceso.

El protagonismo de la organización popular en el fracaso del gobierno golpista en abril del año 2002 va a ser muy significativo para Chávez, quien ve la necesidad de no solo mantener esa fuerza, sino de crear espacios donde pueda expresarse con mayor impacto sobre la sociedad. El llamado a conformar los círculos bolivarianos va a ser un primer esfuerzo para mantener vivo el poder constituyente como contrapeso al poder constituido, ahora transformado a través del nuevo marco constitucional. A lo largo de los años se van desarrollando esos espacios, hasta alcanzar una primera expresión acabada en los consejos comunales.

La tensión entre los poderes no se va resolver reduciendo su comprensión a una de sus expresiones. En el pensamiento de Chávez el poder es tanto activación de la potencialidad latente del pueblo y su ejercicio en la configuración de nuevas relaciones, como una capacidad para realizar cosas, un instrumento que hace posible alcanzar objetivos por medio de un cuerpo de instituciones desde las cuales se da ese ejercicio instrumental. En el mensaje anual ante la Asamblea Nacional del año 2009 afirmará que:

El poder para nosotros es sólo un instrumento para hacer justicia y, además, un instrumento para redistribuirlo y cada día transferirle mayores cuotas de poder político, económico, al pueblo, a la mayoría, a la nación

Esta idea puede relacionarse con las visiones tradicionales según las cuales el poder reside solo en el gobierno y desde ahí se administra. Al respecto, lo primero que habría que decir es que Chávez no está libre de contradicciones, sin embargo apostamos a un enfoque que comprende ampliamente la relación entre los dos ámbitos del poder. Esos espacios no necesariamente están en el mismo nivel, la relación va transformándose y en revolución el poder popular pasa a ser el contenido que determina la acción que se realiza desde el gobierno. En términos de Chávez durante una entrevista concedida a José Vicente Rangel en el año 2012:

El poder es el pueblo, la mayor parte del pueblo venezolano me ha dado parte de su poder, porque el pueblo es el dueño del poder político, de ahí la tesis de Dussel: potencia y potestas. Yo soy sujeto de potestas, tengo potestades. Pero el poder, el sujeto del poder es el pueblo.

El poder que se activa desde el pueblo hace posible una toma coherente del poder constituido a través de la conformación de un movimiento hegemónico, es ese el poder que lleva a tomar el poder y no a que el poder te tome. Además, ese que reside en el pueblo debe ser la fuerza que mueve las transformaciones, pero a la vez, desde las instituciones se pueden transferir competencias y crear espacios donde se exprese la capacidad del pueblo no ya como potencia sino como ejercicio concreto. Es, podríamos decir, un movimiento dialéctico de creación de un nuevo poder y articulación de nuevas relaciones, para que lo que se redistribuya no sean los vicios del poder constituido sino la fuerza revolucionaria del poder constituyente.            

En esto consiste el reto principal. Se deben generar las estructuras para que la balanza de la relación esté a favor de los sectores del pueblo que participan en la toma de decisiones. Ahí continúa vigente la idea planteada por el candidato Chávez: el poder del pueblo necesita activarse a través de la organización, ella permite ensamblar las partes que le pertenecen a cada uno y que aisladas no son nada. La democracia participativa y protagónica necesita espacios para expresarse. En los espacios de participación política local no se ejerce el poder per se sino que se construye poder, se activa por medio de la participación política. Cabe plenamente la idea de que el poder no se tiene, en esos lugares, sino que se ejerce a través de su propia conformación. Chávez se referirá a ese reto de la siguiente manera:

 Formo parte de una especie de corriente de contrapoder, es decir, para no sólo debilitar, desmontar el entramado del poder, el poder clásico, el poder concentrado en unas minorías, el Estado burgués, decía hace cien años Lenin, y luego transformar ese entramado en un poder que se redistribuya en el del pueblo, la redistribución del poder. Creo que ése ha sido no sólo lema, razón, ¿cómo se dice?, leiv motiv, de mi vida desde hace unos 20 años, y sigue siéndolo, redistribuir el poder, pero un nuevo poder.

IV


Durante los últimos años de su vida, Chávez comprendió el vínculo existente entre el pueblo organizado y el ejercicio político desde las instituciones representativas, apelando a la idea del poder obediencial. Tomada de las lecturas que hiciera del libro de Enrique Dussel Política de la liberación. Volumen II, se encargó de llamar constantemente a un ejercicio obediencial del poder, que respondiera de manera directa a los llamados del pueblo y sirviera claramente a éste. Exigía a todos los candidatos y miembros del gobierno que debían “mandar obedeciendo” porque el ejemplo se da “gobernando obedeciendo”  y “es nuestro camino”. Sentenciaba finalmente que “el pueblo va a obligarlos a ello.”


Con ese espíritu, en el año 2012 se realizaron las últimas elecciones que ganó Hugo Chávez. Su campaña estuvo determinada por el llamado a la constitución de un liderazgo colectivo. Durante los 13 años de Revolución Bolivariana, las acciones para consumar el objetivo expresado en aquel gran reto generaron sus frutos. La propuesta de las comunas vino a sinterizar años de experiencias y reflexiones. Chávez apostó todo a la edificación de estos espacios, de construcción y activación del poder para su ejercicio, no como organismos donde se va a ejercer el poder sino donde se va a construir poder. De esa forma, se desarrolla plenamente la idea del poder popular, que ha sido una espina dorsal en las orientaciones para la transformación política, pasando del poder en potencia anterior a las elecciones de 1998 al poder en acción a través de la idea del Estado Comunal.

Finalmente, podemos concluir que su comprensión fue ampliándose desde unos principios básicos, hasta constituir una visión del poder en los dos sentidos expuestos. Su visión parte de la construcción hegemónica, a través de la activación, desde abajo, de la potencia contenida en el pueblo, entendiendo que solo la conformación de un gran movimiento anclado en la base, podía tomar el poder del Estado expresado en el gobierno. Apostó a ese poder como la fuerza que conduce la revolución y el sujeto protagónico de las transformaciones. Pero también entendió la necesidad de hacerse con los instrumentos del gobierno para apoyar, desde arriba, en la creación de espacios donde el poder del pueblo pudiera constituirse. Por supuesto eso devino en lo que llamó “la batalla entre el poder constituido del estado burgués y el poder popular constituyente que despertó del letargo.”. Una lucha no resuelta, pero que sigue convocando, desde la práctica, al trabajo reflexivo.

Es por eso que, hoy más que nunca, continúa vigente el llamado:

“Nos resta, siempre nos restará, profundizar en el alma colectiva y en la práctica cotidiana, con un propósito superior: la encarnación definitiva del poder popular, el despliegue de toda su fuerza liberadora, para darle sentido pleno y destino irreversible a la Revolución Bolivariana.” 

viernes, 15 de abril de 2016

Superar la arrogancia para construir la política revolucionaria

El poder no se tiene, ni está localizado en una institución, el poder se activa. Para lograr esa activación es necesario que se sumen los fragmentos que cada uno posee pasivamente de ese poder, sea colectiva (en las pequeñas organizaciones) o individualmente. Esos fragmentos deben ser ensamblados a través de la articulación de todas las luchas, para constituir una subjetividad política hegemónica. Esta unidad de las luchas sólo es posible a partir de la solidaridad como principio práctico orientador.

Hoy en día, quienes quieren destruir el poder que ha sido activado gracias a la movilización histórica de los oprimidos y la construcción hegemónica de una agenda común, que han hecho posible las transformaciones logradas, inducen y alimentan una profunda crisis material, complementada por una descomposición ética. En esta circunstancia, donde los principios son dejados de lado para dar paso a una especie de nuevo darwinismo social, el tejido social se destruye aniquilando los lazos que lo constituyen.