25 de marzo de 2012
En los tiempos que corren y a lo largo de estos doce años de proceso no son pocos los que han llegado a él con el único fin de sacar alguna tajada, desde ganancias económicas hasta una parte del poder del Estado; algunos se han aferrado durante años a un cargo, otros han pasado por muchos y los hay quienes recién llegaron hace algunos años, habiendo pasado los momentos duros refugiados en sus casas o hasta marchando para la campiña.
Otros son los que llenos de ilusiones, del espíritu revolucionario, consiguieron algún puesto en las instituciones públicas y se han visto abordados por ese desalentador ambiente en el cual la burocracia mella las ganas de cambiarlo todo. Pasa que o se convierten en burócratas o se desilusionan a tal punto que se les ve como van perdiendo la chispa que caracterizó su espíritu inicial. Suelen ser una pérdida dolorosa para la lucha. Pero también muchas veces se pueden desburocratizar, recordándoles el sentido final de todo esto, o volviéndolos hacia ese pueblo que en cada trinchera pelea día a día.