Hace
poco fue estrenada
la cuarta película dirigida
por George Clooney y
su segundo trabajo como
guionista junto al
también actor Grant
Heslov. Operación
Monumento, como se
conoce la cinta en
español, está basada
en el libro homónimo
escrito por Robert
M. Edsel, en el
que se revive la
misión de rescate que
durante la segunda
guerra mundial tenía como objetivo recuperar
las obras de arte
robadas por el
ejército alemán. Entre
los actores se encuentran
Matt Damon, Bill Murray
y Cate Blanchet.
En general podemos decir
que el filme entretiene,
no es una obra
maestra y posiblemente
la historia podía haber
sido mejor contada. Ya
la crítica se ha
encargado de descargar
su pesado juicio sobre
el trabajo de Clooney.
Pero a nosotros nos
interesa caracterizar acá
el tema de fondo,
un discurso que encubre
la larga historia del
saqueo occidental y el
eurocentrismo recalcitrante
como tribuna cultural.
La historia
transcurre a finales
de la guerra, cuando
el ejército nazi se
encuentra en franca
retirada. Un equipo
de expertos en arte
tienen la misión de
buscar las piezas robadas por
los alemanes, que originalmente
era llevado a Austria
donde formaría parte del
museo más grande del
mundo, una colección
personal seleccionada
por el propio Adolf
Hitler, Führermuseum. Pero la
inminente derrota de
los alemanes hace que
la situación se vuelva
más crítica, ya que
El Führer ordena que
todo el arte sea
destruido si muere.
Según Clooney
la película no pretende
exaltar el patriotismo
sino honrar a estos
personajes que hicieron
una labor fundamental
para la humanidad,
“salvar el arte
universal de ser
destruido por el
fascismo”. Lo que
pasa por ser una
narración sobre los
peligros de la
guerra, sobre la amenaza
al arte como un
riesgo de que se pierda
la historia y la
identidad europea, termina
siendo una vulgar exaltación
de la cultura occidental
como único valor universal
de la humanidad.
Resulta curioso cómo
un momento más de
la relación histórica
entre guerra y saqueo
cultural en occidente,
es descrita desde la
pretensión de que
la cultura occidental
es la única valiosa.
Lo que
olvida en su momento
Stout, así como los
realizadores tanto del
libro como del film,
es que Hitler no
es una personalidad
ajena a la historia
de occidente, el nazismo
no está fuera de la cultura
occidental, ni es una
anomalía. El fascismo
italiano y el
nazismo alemán son
la máxima expresión
del espíritu moderno europeo,
representan el desarrollo
a niveles insospechados
del control por vía
de la ciencia y
la técnica, así como
el gobierno de una
racionalidad única que
aspira a hegemonizar
la historia.
Finalmente, la pretensión de
universalizar una cultura
que es sólo una
más en el abanico
de las expresiones
humanas.
La historia
del saqueo cultural va
de la mano de
la historia militar occidental.
La destrucción indiscriminada
del patrimonio histórico
de los pueblos, así
como el robo de
sus obras de artes
y expresiones culturales
en general, forma parte
la política de guerra
colonialista de Europa
así como de Estados
Unidos. Cada una
de las guerras emprendidas
por los Imperios occidentales,
ha venido acompañada
por la destrucción
de los elementos
identitarios centrales
en aquellos pueblos que
han padecido las invasiones.
Por un lado, una
sistemática y planificada
eliminación de la
historia de las
naciones, supresión
de textos, ritos religiosos,
sustitución de costumbres.
Por otro, saqueo masivo
de todo aquel objeto
que pueda ser valioso
artísticamente, lo cual
implica que pueda
ser vendido o trasladado
a los museos ubicados
en las metrópolis.
La conquista del
“nuevo territorio”,
todavía no visto en su dimensión continental, se lleva a cabo
por la vía
militar. La guerra y el genocidio bañan de sangre las
ancestrales tierras
indígenas. Culturas milenarias fueron destruidas
completamente, otras dominadas
y reducidas a la condición de servidumbre. Posteriormente, se
consolida una
política de extracción de materias primas, el saqueo material
del “nuevo
mundo”, el oro y la plata son explotados si ninguna
contemplación o límite.
Nada más en los primeros 150 años se saquearon 185.000 kg de
Oro y 16 millones
de kg de Plata. Esa acumulación de riquezas, sumada a la
apertura de nuevas
rutas comerciales le permitió a Europa salir de su encierro
forzoso. Es la
conquista de América la que permite el surgimiento del
capitalismo producto de
los acelerados niveles de acumulación.
Pero el
colonialismo y el saqueo no fueron sólo en la dimensión material sino también en el
ámbito cultural. La
invasión europea vino acompañada de la destrucción de las
culturas originarias
del continente. En algunas excepciones importantes se evitó la
destrucción de
objetos y templos. La dominación material se consolida como
dominación
cultural. Es necesario para garantizar el control político de
una población
invadida, no sólo tener fuerza militar sino dominio de su
propia subjetividad.
Para lograr esto es necesario eliminar o manipular la
historia, minar los
fundamentos de la identidad, desplazar las creencias, el
lenguaje y los
hábitos. Pero el
saqueo cultural se
consolidó en la extracción de todos aquellos objetos que
pudieran tener un
valor artístico, muchos de ellos hoy integran los depósitos de
los museos
norteamericanos y europeos.
Numerosas
organizaciones activaron
sus alarmas cuando la guerra de Irak produjo la destrucción de
muchos lugares
históricos, así como los múltiples robos en el Museo Nacional
de Irak. Hay que
recordar que Irak se encuentra ubicado en donde se desarrolló
la maravillosa
Mesopotamia, albergando mucha de su herencia cultural. Sucedió
lo mismo en
Afganistán, donde la guerra sirvió de pretexto para activar
saqueadores de
arte. Ninguna de estas situaciones fue preocupante para el
gobierno
norteamericano ni para los políticos de peso en ese país. Sólo
la Unesco
intentó hacer algo al respecto. Se nota la diferencia con la
misión recreada en
Operación Monumento.
En América
Latina no continúa el
colonialismo tradicional pero permanecen la colonialidad como
dominación
cultural y epistémica. El
imperialismo
con sus instrumentos ideológicos permea en la cultura de los
pueblos, hace todo
lo posible por impedir la
formación de
una identidad autónoma al poder cultural hegemónico. De igual
manera, siguen
funcionando las redes de comercio ilegal de arte, acompañadas
de la penetración
de expertos que son los que estudian los espacios
arqueológicos. Basta recordar
el caso de la piedra Kueka, robada al pueblo Pemón en La Gran
Sabana, por un
artista plástico con el permiso del gobierno de Rafael
Caldera, aún espera por
ser devuelta al país ¿Con qué derecho cree un artista Alemán
que puede venir a
llevarse piedras de Venezuela? Una nueva forma de saqueo es el
de las
farmacéuticas, que se encargan de privatizar los saberes
ancestrales indígena
por medio de la creación de patentes.
Finalmente, si
los miembros del
grupo de rescate estuvieron realmente preocupados por el valor
universal del
arte debieron plantear la devolución de las obras a sus
lugares de origen. Al
contrario, se planteó el retorno a los museos y a las
colecciones personales,
muchas de las cuales se forman de manera inmoral. Hoy en día
siguen apareciendo
miles de obras que desaparecieron en la guerra, guardadas por
alemanes o
vendidas a colecciones privadas. Ojalá algún día la maquinaria
de propaganda
cinematográfica de importancia al saqueo y la destrucción
cultural fuera de
occidente.
Manuel
Azuaje Reverón
| Piedra Kueka en el parque metropolitano Tiergarten en Berlín |
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